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El cuerpo, un lugar donde habita la memoria

Todos hemos experimentado alguna vez síntomas físicos y hemos asociado este malestar con algo que nos sucede en el mundo vincular, laboral o vital. Asi por ejemplo quizás hemos sentido alguna vez ardor en la boca del estomago y si nos detenemos a preguntarnos que hemos vivido en ese momento, quizás podamos asociarlo a una situación de enojo, algo que hemos callado o tristeza por ejemplo. No quiero hacer una línea asociativa simplista que conecte síntomas con desencadenantes fijos, porque no creo que esto sea posible, sino mas bien traer al tema situaciones muy comunes que todos hemos vivido. Del mismo modo quizás alguien haya vivido un pico hipertensivo por una situación angustiante o una fuerte crisis de ansiedad, o un dolor en el pecho por un enojo o una gran pena.
En síntesis, todos podemos con mucha facilidad conectar nuestras vivencias con nuestro cuerpo y sus repercusiones.
Partimos en el mundo medico, de un paradigma biologicista, cartesiano, de la salud. Un enfoque que tuvo como objetivo inicial intentar dar luz al funcionamiento complejo e intrincado de nuestros mecanismos fisiológicos, pero que de alguna manera se volvió victima de si mismo: hemos perdido la posibilidad de representarnos como una unidad, tendemos a separar nuestras vivencias emocionales de las dolencias físicas, quizás como defensa primaria ante aquello que se vuelve insoslayable: la angustia vivida en el psiquismo es tan insoportable, que preferimos de alguna manera que el cuerpo pueda ocuparse y aliviar estas tensiones en síntomas aunque esto nos haga vivir dolores físicos, miedos y otras complicaciones.
Existen múltiples definiciones acerca de la medicina psicosomatica. Muchos han intentado explicar desde diferentes interpretaciones la complejidad de la ya innegable interacción cuerpo-mente, donde algunos pensadores, estudiosos y padres de grandes corrientes psicológicas de la actualidad, como Alexander Lowen decían «el cuerpo es el inconciente» o «lo que no se recrea en el teatro de la mente, se recrea en el teatro del cuerpo» Joice Mc Dougall.
Quienes han abordado esta temática tan compleja y misteriosa lo han hecho desde la perspectiva filosófica de un nuevo paradigma, un paradigma monista, no cartesiano, donde no hay escisión de cuerpo-mente, sino que ambos espacios del ser humano están en permanente interacción y comunicación. El cuerpo es habitado por la mente, el psiquismo, las emociones, el «anima» o alma que es en definitiva quien a través de su permanencia en el cuerpo le da vida y contenido a sus experiencias vitales. Muchos han ilustrado de esta manera un sendero frondoso, cargado de descubrimientos y comprensiones que van desde la teoría del trauma, a las neurociencias, el psicoanálisis y la terapia familiar, entre otras. En cada enfoque podemos encontrar explicaciones acerca del trasfondo de la enfermedad y seguramente todos son potentes modos de comprender la experiencia humana de ser y estar en el cuerpo. Sin embargo, es Bert Hellinger, filosofo alemán contemporáneo quien mas investiga en la historia de la familia y sus modos de expresión en el cuerpo y la salud. El logra demostrar en su trabajo de casi seis décadas cuan cierta es la expresión de Lowen, “el cuerpo es el inconciente”, un inconciente donde todo esta presente, lo vivido por el propio individuo y también lo vivido por su familia en generaciones, asi los duelos no elaborados por ejemplo pueden ser expresados por síntomas en diferentes generaciones, recuerdo un caso de una familia con síntomas de asma en tres generaciones cuyo inicio era el duelo de un abuelo que había quedado huérfano a los cinco años y había pasado su vida en un orfanato viviendo experiencias de mucha soledad y abandono. Desde esa experiencia difícil sufria ataques severos de asma, su hijo comenzó con el mismo síntoma a los cinco años y el nieto también. Claro que sin motivo aparente, sin embargo era un modo de expresar este gran dolor que estuvo presente en lo no dicho en toda la familia. Del mismo modo hay familias que presentan trastornos de la alimentación transgeneracionales, y el trauma nuclear son hambrunas mortales cuatro generaciones atrás, asi cada generación se relaciona con esa experiencia “comiendo por muchos” en la obesidad o “en inanición” como en la anorexia. Estos son solo ejemplos ilustrativos de como el cuerpo es un modo de expresión de lealtades inconcientes que pueden manifestarse en varias generaciones aun sin hablar de estos sucesos y sin que sea un material accesible para los miembros de la familia.
En síntesis podemos hoy acercarnos a la posibilidad de comprender de un modo mas integrativo la salud, considerando que el cuerpo es un espacio donde habita la memoria y que si nos disponemos a comprenderlo, en lugar de molestarnos con el, hallaremos un leal compañero que nos completa y nos significa mucho mas alla de nuestra conciencia.
Dra Veronica Molina